JORGE ELIÉCER PARDO RODRÍGUEZ

 

Siempre ha dicho que le cuesta llenar una página, pero mucho más que la historia logre su versión final. Es el camino del proceso creador de un novelista que ha sido traducido al francés, inglés, italiano y portugués y que ha alcanzado el renombre necesario como para ser estudiado en centros universitarios del exterior. Su obra ha sido reconocida por la crítica nacional y extranjera en comentarios favorables de los colombianos Germán Vargas Cantillo, Eduardo Pachón Padilla, Luz Mery Giraldo, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Isaías Peña Gutiérrez, Iván Bedoya, Alvaro Pineda Botero, Germán Santamaría, Alonso Aristizábal y José Luis Díaz Granados, entre otros, y por los extranjeros Raymond Williams, Seymour Menton, Olver Gilberto de León, María Victoria Rayzábal, Fidel Vilanova y Carmen Martín.

Las contínuas ediciones o reediciones de sus libros, la aceptación entusiasmada de lectores y críticos, su inclusión en representativas antologías de Francia, España y Colombia, las tesis y libros sobre su obra y los diez títulos que lleva publicados hasta ahora, lo convierten en un narrador que, sin prisa, pero sin pausas, tiene ganado un espacio en la literatura.

Este acuariano, nacido el 30 de enero de 1950 en la población de El Líbano, pertenece a la generación posterior a García Márquez, denominada por Isaías Peña Gutiérrez La Generación del bloqueo y del Estado de sitio o del Frente Nacional. Procede de una familia perseguida por la guerra partidista y es, de alguna manera, un hijo de la violencia que conoce y padece desde su infancia en un territorio saturado por ella. Sus dos grandes influencias de infancia son su madre, que le enseña las primeras canciones y los primeros versos y su tía dramaturga Sofía de Moreno, que lo incopora al grupo de teatro y lo castiga, cuando se porta mal, obligándolo a leer El Quijote y Las mil y una noches.

Su vida docente la inicia como maestro de escuela a los 18 años, profesor de literatura en colegios de bachillerato y catedrático universitario, proyectando su vida académica como normalista, licenciado en idiomas por la Universidad del Tolima, especializado en Administración Pública por la ESAP y doctorado en literatura por la Pontificia Universidad Javeriana.

Cuando apenas tiene 22 años, luego de ser ganador y finalista en algunos concursos nacionales de importancia, publica en coautoría con su hermano Carlos Orlando un libro de cuentos titulado Las Primeras Palabras, relatos sobre el amor y la violencia. A los 25, la editorial Plaza y Janés edita su novela inicial denominada El Jardín de las Hartmann que completa siete ediciones hasta hoy y más de 30 mil ejemplares vendidos, aparecida también bajo los sellos de Coruniversitaria, Educar, Pijao y Le Miroir, en francés, traducida por Jacques Gilard, recopilador de la obra periodística de Gabriel García Márquez. En la novela se mezclan la magia, el amor y la violencia con un lenguaje poético que narra la historia de una familia con raigambre en Alemania y que frente al fenómeno de la segunda guerra mundial, emigra hacia América. La segunda generación de estos personajes enfrenta la etapa conocida como la violencia colombiana, en un pueblo donde aparecen las intrigas amorosas y políticas de un conglomerado social signado por el hálito triste de la guerra y la expropiación. Una virtud encontrada por los críticos es que no se cuentan los hechos escuetos de la violencia desde la crónica externa sino desde la interiorización de los personajes y que en medio del jardín, símbolo de la vida y el futuro, se suscitan hechos de amor y envidia en los que Ramón Rodríguez, personaje protagónico, lucha contra el establecimiento sin poseer claridad política, enarbolando como bandera el amor y la sobrevivencia. Al final de la historia se confunde la muerte con la fábula de un pueblo que no entiende si ha perdido o ganado la guerra. El libro tiene su versión para televisión como La estrella de las Baum, una telenovela que obtiene ese año el Premio Nacional en el Festival de Cine de Cartagena.

Las imágenes de la novela le vienen desde la escuela pública cuando graba las miradas de ojos azules de unas alemanas respetables de apellido Hartmann residentes en el Líbano y su hermoso jardín. Mientras realiza trabajos de investigación con Monseñor Germán Guzmán Campos, recibe la visita de un hombre alto, de ojos azules y botas amarillas que le reclama por las calumnias a sus familiares resultando inútiles las argumentaciones del autor para convencerlo de la diferencia entre ficción y realidad. Amenazado de muerte si aparece de nuevo su libro, Pardo, atemorizado, busca en un directorio telefónico nacional un apellido alemán que, como el de Weissmann, perteneciente a un difunto, no tenga problemas y cambia el título por el que hoy lleva su novela. Al verterla a la televisión, Daniel Samper Pizano, en su columna de El Tiempo, y comentaristas de otros medios, denuncian las amenazas hechas a las libretistas por parte de grupos neonazis. Desde luego, jamás hubo en esto intervención de la familia Hartmann, algunos de cuyos miembros femeninos recibieron condecoraciones y merecidos elogios por su trabajo pedagógico.

De El jardín de las Weissmann ha dicho el crítico norteamericano Raymond Williams que “es una de las mejores novelas en el triste panorama de la violencia. Siempre la he visto como un objeto tan finamente construído como un reloj suizo. Incluso si yo dirigiera algún día un taller de escritores jóvenes principiantes, los dos textos de lectura obligatoria ideales del arte de narrar serían El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez y El Jardín de las Weissman, de Jorge Eliécer Pardo”. Por su parte, Olver Gilberto de León, profesor de la Universidad de la Sorbona, afirma que El jardín de las Weismann es texto obligatorio en sus clases porque “es una pequeña joya de la literatura latinoamericana”.

En 1985 publicó Entre calles y aromas, poemas narrativos de la vida y alienación de las urbes y los inquilinatos, por los que obtuvo dos premios nacionales. Allí tiene cita la poesía citadina de personajes oscuros, de prostitutas y deambulantes de cafetines y miserias. En el mismo año, la Universidad de la Sabana hizo una hermosa edición de dos obras, El Siglo de oro de la Literatura Española, texto universitario, y su Antología de la Literatura Española.

En 1986 la editorial Oveja Negra realizó la selección de los cien mejores escritores colombianos de todos los tiempos e incluyó en ella su libro de cuentos La octava puerta, cuya segunda edición apareció ese mismo año con cinco nuevos textos. En 1986 la editorial Plaza y Janés realiza el lanzamiento de su nueva novela, Irene, historia de un científico social asilado en Colombia que padece una terrible aracnofobia causada por un edipo no resuelto. Los conflictos sociales, afectivos, políticos y sexuales convergen en un mundo caótico donde la ciudad y el edificio en que vive le son contrarios a su deseo de libertad, de poesía y de amor. Es un virtuoso de la guitarra y un poeta frustrado. Las confidencias de la portera del edificio lo acompañan de manera ficticia y lo hacen fantasear con la llegada de una mujer para enfrentar definitivamente su vida y su muerte. “Irene nos impone a los psicoanalistas un nuevo reto: conceptualizar acerca del erotismo de la muerte, o mejor aún, acerca del erotismo en el acto de morir”, afirma Fergusson y Rafael Oviedo conceptúa que “el hermoso y profundo vínculo entre la muerte y el clímax se plantea en Irene. Allí, el que ama muere, lo atrapan, lo encarcelan, lo pican, lo torturan, lo inyectan o le dan un tiro por la espalda. La cópula, “devoradora de machos”, tiene el mismo rango de la muerte que va sigilosa y traicionera para sumarse al “abismo del orgasmo””. El libro ha sido motivo de estudios psicoanalíticos con nuevas propuestas en torno a La Literatura como vanguardia del psicoanálisis y a La estética del deterioro y el erotismo en la idea de morir. Los textos alusivos se presentaron ante la Sociedad de psicoanalistas de Colombia, en donde las interpretaciones simbólicas fueron tema para varias sesiones de discusión. Irene fue traducida al inglés por Angela MacWen y Ollie Oviedo.

En 1987 publica su ensayo Vida y obra de Héctor Sánchez, editado por Pijao, donde estudia a este autor colombiano y cuyo texto hace parte de su libro inédito Tendencias formales y temáticas de la novela colombiana actual. En 1991 aparece en francés una antología de 26 cuentistas colombianos posteriores a García Márquez, la que realiza en compañía de Olver Gilberto de León, titulada Colombie-à choer ouvert. Figura también en una antología del cuento negro y policial latinoamericano, recopilada también por Olver Gilberto de León y editada, igualmente en francés, por la editorial L’Atalante de Nantes. En esta obra, que incluye cuentos de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Gabriel García Márquez, Augusto Monterroso, Julio Ramón Ribeyro, Juan Carlos Onetti y otros, Jorge Eliécer Pardo está representado con su relato Otra vez el chasquido de las botas. En una tercera antología francesa del cuento latinoamericano realizada por Rubén Bareiro-Saguier y Olver Gilberto de León, aparece su cuento La octava puerta, en edición de Belfond/Unesco.

En 1992, la editorial Grijalbo Mondadori, en su selecta colección El espejo de tinta que “rescata obras de calidad excepcional nunca publicadas en lengua española”, hace la edición de su tercera novela, Seis hombres una mujer, donde el autor resume los sueños, las frustraciones y contradicciones de la generación de los años setenta y en donde también, a través de una polifónica historia de amor, plantea la soledad en la que se sumerge el hombre contemporáneo que ha perdido sus valores en un mundo en que el falso poder se impone. Aquí la literatura también es protagonista por su intertextualidad.

En noviembre de 1994, con motivo de los primeros cien títulos de Pijao Editores, se presenta un destacado libro antológico de 326 páginas titulado Jorge Eliécer Pardo, Obra Literaria, 1978-1986, en donde se incluye El jardín de las Weismann, Irene y La octava puerta, con prólogo de Cecilia Caicedo y estudios de destacadas personalidades de las letras del país y del exterior. Además de la bibliografía crítica de la obra del autor, la edición fue elaborada en papel ecológico, con ilustraciones a color de Iván Martínez, cubiertas por papel araña, dentro de un empaque troquelado, constituyendo el libro, en sí, una pequeña pieza artística.

El ganador de varios concursos nacionales de novela y cuento, ha viajado por Europa, Estados Unidos y América Latina, y tuvo participación especial como invitado al Congreso Mundial de Escritores en Moscú, donde diserta en uno de los podiums del Kremlin sobre literatura latinomericana, al tiempo que publican dos cuentos suyos en antologías latinoamericanas en ruso. Recibe igualmente invitaciones de la Unión de Escritores Cubanos a la Habana y asiste a congresos en Caracas, Quito, Lima, París y Berna. Participa en el Encuentro de Norteamericanos Colombianistas celebrado en Irvine, California y dicta conferencias sobre la novela Irene y el oficio de escribir en Eastern New México University en los Estados Unidos.

Vive en Bogotá desde 1975 luego de haber escrito en Ibagué textos periodísticos con los que gana concursos, dirigir la página literaria del desaparecido diario El Cronista, liderar un trabajo cultural y fundar en 1973, con su hermano Carlos Orlando, Pijao Editores, empresa que lleva en la actualidad más de 100 títulos publicados de autores colombianos con un tiraje total que supera los 300 mil ejemplares.

Ha ejercido el periodismo cultural en las revistas Gato encerrado, Pijao, de arte y literatura latinoamericana y El Carnero, como fundador y director.

Está incluido en numerosas antologías, entre ellas Cuentistas Hispanoamericanos en la Sorbona, con tres ediciones; Literaturas Ibéricas Latinoamericanas Contemporáneas; Obra en marcha II, la nueva literatura colombiana, publicada por Colcultura en recopilación de Juan Gustavo Cobo Borda; La violencia diez veces contada, de Germán Vargas, El Tolima cuenta, Narradores colombianos contemporáneos, Doce narradores colombianos, Colombie à chœur ouvert, y cerca de otros doce libros que confirman la aceptación lograda por el autor tolimense. Participó como invitado oficial en el encuentro Prosistas de América Hispana realizado en 1980 en La Sorbona de París.

Dirigir talleres de creatividad literaria en la Universidad Javeriana donde fue profesor, al igual que en la de La Sabana y la Pedagógica Nacional y fundar o cofundar revistas literarias, ofrecen igualmente otro ángulo de su transcurrir dinámico, gracias al cual estuvo varios años como presidente de la Unión Nacional de Escritores (U.N.E.)

Pertenece a la Academia de Historia del Tolima como miembro correspondiente, al Colegio Nacional de Periodistas, a la Asociación de Licenciados de Español y Literatura y a la Fundación para la Investigación Cultural del Tolima (FUNDACULTOL).

En el año 2007, la Biblioteca Libanense de Literatura publica su libro de cuentos Transeúntes del siglo XX.

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